San Juan, Puerto Rico – El Departamento de Transportación y Obras Públicas (o DTOP, porque la tinta es cara y no hay por qué escribir de más) anunció a finales del año pasado un aumento en las tarifas de los peajes del país. Sin embargo, dichas medidas fiscales “no darían ni para rellenar la mitad de los joyancos que componen nuestras carreteras”, por lo cual el DTOP anunció que levantará fondos adicionales auspiciando “car-jackings” en los peajes.

“A finales de diciembre del año pasado anunciamos que habría otra alza en los precios de los peajes a través de la Isla”, explicó Martín Cortés, subdirector asociado de la Oficina de Clavarse al Ciudadano del DTOP. “Hubo par de quejitas aquí y allá, pero nada del otro mundo –y dicho sea de paso, así nos gusta: ¡que la gente siga calladita y adormiladita! De todos modos, se trataba de un acuerdo contractual con la alianza público-privada que opera los peajes, así que, como siempre, nuestros asuntos ya quedaron decididos por otros sin importar qué opine el pueblo. Bueno, el punto es que ese aumentito trililí de 1.5% más aumento de costo de vida jamás iba a dar para arreglar nuestras carreteras. De algún otro lugar había que sacar los chavos… ¡y como siempre, será del bolsillo del pueblo que ya no da pa’ más na’!”.

El Programa de “Car-Jackings” Aleatorios comenzará de forma inmediata, y se llevará a cabo en las horas del día en que el tránsito pesado obligue a los conductores a disminuir su velocidad. Agentes del DTOP saldrán de los matorrales, obligarán a los desdichados conductores a salir de sus vehículos a punto de pistola y so amenaza de ser “ejplota’os”, y se llevarán los carros guiando por el paseo (al igual que hacen muchos jaibas). Los vehículos en cuestión luego serán revendidos (o al menos sus partes, dependiendo de cuán estropeaditos estén), y los fondos levantado de esta manera se usarán “para que nuestros rodajes no parezcan un campo de batalla en Vietnam”. “¡Esto es un güin-güin!”, exclamó satisfecho el funcionario del DTOP. “Digo, quizás no para los pobres diablos a quienes les robemos sus carros… ¡pero para el resto de la ciudadanía!”.

Cuando transites una de nuestras autopistas y el tapón se ponga así… ¡ojo al pillo!

“No sé por qué no se nos había ocurrido esto antes”, concluyó Cortés maravillado. “O sea, el puertorriqueño promedio ya vive bajo la expectativa de que, una vez guíe a menos de 15 millas por hora, en cualquier momento puede salir de la nada un atorrante a despojarlo de su vehículo. ¡Pa’ que sea un malandrín de la calle, mejor que sea un malandrín de los nuestros!”.