San Juan, Puerto Rico – Luego de haber protestado su inocencia desde que fuera acusado el 2 de octubre del año pasado de conspiración, extorsión y lavado de dinero, el ex Senador novoprogresista Jorge De Castro Font compareció ayer ante el tribunal federal para declararse culpable de 21 de los 31 delitos que pesaban en su contra, simultáneamente redefiniendo el significado de la palabra “inocente”. El acusado aseguró que él siempre tuvo la hombría de admitir su culpabilidad, arguyendo que es que para él la palabra “inocente” quiere decir “que ha cometido los crímenes que se le imputan”.

“No veo por qué todo el mundo está tan alborota’o por esta declaración jurada que acabo de hacer”, se preguntó De Castro Font (o “Ñañito”, como se le conoce popular y deliciosamente) al salir de la corte. “Yo siempre fui íntegro y recto y admití enteramente mi responsabilidad en los cargos que contra mí pesaban”. Al recordarle que, por el contrario, él siempre mantuvo su inocencia tenaz y altaneramente, llegando incluso a insultar a los que lo investigaban y a amenazar con revelar información dañina a sus correligionarios penepés, De Castro Font respondió: “Ay, chico, pero tú sabes bien que cuando yo dije ‘inocente’ lo que quise decir fue ‘completamente responsable de los cargos que se me imputan’… ¡no te me hagas el bobo! ¡Más macho que yo hay que mandarlo a hacer!”.


Jorge De Castro Font, en toda su avasalladora inocencia, acostumbrándose a estar tras las rejas

Evidenciándole que el ex Senador llegó incluso a jurar por su (recientemente difunta) madre que él no había cometido estos crímenes, De Castro Font explicó: “Mira, es que allá en mi pueblo [San Juan] la frase ‘lo juro por mi madre’ lo que quiere decir es ‘mi madre sabe muy bien que lo que estás diciendo es verdad’… ¡allá ustedes que quizás son de alguno de esos pueblitos de la Isla y me malinterpretaron!”. Dándole el beneficio de la duda, intentamos conseguir a algún sanjuanero que pudiera corroborar la interpretación ñañitense de la frase “lo juro por mi madre”, pero no encontramos a nadie que quisiera admitir libremente ser su compueblano. “Pues nada”, concluyó el futuro reo, “tendrás simplemente que creer en mi palabra”, aunque en efecto eso sería lo último que haríamos.

La fiscal federal Rosa Emilia Rodríguez no tardó en emitir su opinión sobre esta versión de De Castro Font de que él siempre admitió su culpa: “¡Ay, m’ijo, no vengas a quitarme tú ahora este momento de victoria, so sucio! Lo que pasó fue que teníamos tanta evidencia en tu contra que metiste el rabo entre las patas e hiciste un trato para evitar que te tiráramos con el libro, luego de tanto vituperarnos y perjurar que eras inocente, demostrando que eres un advenedizo y un embustero de siete suelas (claro, que de seguro tú dirías que eres sólo de seis suelas, sólo por seguir mintiendo). Así que ahora que te mangamos en pifia no vengas a hacerte el más íntegro diciendo que siempre admitiste tu culpabilidad, ¿estamos?”, le increpó la fiscal, quien se tomaba una piña colada mientras reposaba postrada en una silla de playa bajo una palmita en el Escambrón. “Ay, esta piñita colada, ¿le habrán echado un poco de extracto de ‘Ñañito Manga’o’? ¡Tan rico que sabe eso!”.


La fiscal Rosa Emilia Rodríguez, riéndose sola al imaginarse a De Castro Font en la cárcel por los próximos diez años

Éste no es el primer revés que ha sufrido la palabra “inocente” (y seguramente no será el último), dado que en innumerables casos anteriores (como por ejemplo el de Edison Misla Aldarondo o el de Jorge L. Inserni) personas tremendamente culpables han jurado y perjurado ser inocentes. “Es casi como la redefinición de la palabra ‘soberanía’ de Aníbal Acevedo Vilá“, explicó un lingüista, “pero con toquecito de más ironía y justicia poética”.