«¡Ya sabía yo que no era que tenga pobre capacidad de discernimiento! ¡El problema es él, no yo!», exclamó una alivida y completamente desquiciada chica anónima que no entendía por qué su jevito de una noche no la ha llamado tres días después de su velada de pasión. «Pero nada: ¿saben lo que significa esto? ¡Que con un poco de paciencia y amor, yo lo puedo cambiar! Pobrecito, lo que necesita es amor», concluyó la misma chica ante la mirada de anonadada de millones de muchachos decentes que la tratarían como una reina.
Por otro lado, se informó que millones de hombres sinvergüenzas en el mundo aún no pueden creer las cabronerías que millones de mujeres en el mundo les permiten.

