«Ay, no… no me quiten otra responsabilidad. Es un ultraje», imploró jovialmente el gobernador, con una sonrisa que se quedó con el cuarto. «Es realmente lamentable que de ahora en adelante lo que suceda en cualquier corporación ya no sea mi culpa. O sea, si no puedo remover a nadie para poner a las personas que según mi muy buen juicio, están más capacitadas… pues ya no es mi problema. Y como esto de echarle la culpa de todo a la Junta es nuestra política pública oficial: ¡pues perfecto!», exclamó.
El gobernador se expresó confiado de que su plan de no mandar un carajo en Puerto Rico mientras guisa como gobernador estará completado justo a tiempo para las próximas elecciones.

