San Juan, Puerto Rico – El catedrático auxiliar de la Universidad de Puerto Rico Iván Ríos Hernández fue acusado por Janet Marilyn Hernández, una publicista venezolana, de haber plagiado su tesis doctoral en un artículo publicado en la prensa local. Para negar tan nefastas imputaciones, el Dr. Ríos Hernández publicó una carta de defensa, que a final de cuentas resultó ser plagiada también.
Janet Marilyn Hernández publicó en su blog cómo descubrió que secciones enteras de su tesis habían sido copiadas por el Dr. Ríos en una columna sobre publicidad que este escribió para el El Vocero (que ahora no aparece ni por los centros espiritistas). “No entiendo cómo a este señor se le ocurrió plagiar descaradamente mi tesis sobre la publicidad en la Era Digital, a sabiendas de lo fácil que es precisamente descubrir tales infracciones en el Internet y luego publicarlas al mundo entero”, se preguntó la publicista en lo que asumimos es un adorable acento venezolano. “Cónchale, vale, ¿¡este tipo ni siquiera se tomó la molestia de leer el texto que estaba plagiándome!?”.

Aunque el blog del Dr. Ríos ya no existe, esta imagen demuestra cómo él en algún momento estuvo orgulloso de su contribución a El Vocero
Como muestra diáfana de su inocencia, la reacción inmediata del profesor Ríos fue de cerrar su cuenta de Twitter y cerrar su blog, en sus palabras, “porque soy sumamente humilde y no quiero que la gente que visite mi página crea que estoy echándomelas de lo inocente que soy”. Eventualmente el catedrático auxiliar sí respondió directamente a las imputaciones publicando una carta abierta defendiendo su inocencia, aunque una lectura somera de esta reveló que el texto había sido plagiado de una carta escrita por un gerente de una petrolera, y el profesor simplemente se limitó a cambiar par de palabras y nada más (seguramente porque cambiar mucho más que eso sería pasar demasiado trabajo).

Mientras editaba la carta en Microsoft Word, Clippy le preguntó: “¿Estás seguro que quieres cometer plagio?”, pero el Dr. Ríos lo ignoró
La carta del profesor, por ejemplo, negó rotundamente “que mi compañía haya sido la causante del derrame de petróleo plagio del cual se nos acusa”, y va más allá al prometer que “en nuestra compañía universidad tenemos los más altos estándares de calidad y no toleramos fallas mecánicas plagio en ninguna de nuestras plataformas petroleras ultramarinas”. Inexplicablemente, la firma al final de la epístola seguía leyendo “Martín Sandoval, Gerente de Petroleras Sandoval” sin ningún intento de corrección. A esto, el profesor Ríos replicó: “¿Ven que la carta no es plagiada na’? ¡Si fuera cierto que yo la copié descaradamente, seguramente la hubiera examinado minuciosamente y le hubiera cambiado par de cositas para que no me cogieran fuera de base de nuevo!”.

Anejada a la carta estaba esta foto de una instalación petrolera, con una nota al margen que decía: “Ignoren esta imagen, que no viene al caso: es que no supe borrar cómo borrarla”