«Esta no fue una decisión fácil. Para nada», suspiró un visiblemente apesumbrado McConnell. «O sea, como todo buen republicano, siento un calorcito en mi corazón ante tan solo el pensamiento de caerle a bombazo limpio a un país árabe. Y más aquí, cuando es OB-vio que sí tienen armas de destrucción masiva. Pero va a ser un día bien frío en el infierno cuando yo le dé la razón a Barack Obama… ¡así me muera de las ganas!», exclamó.
Para el futuro, McConnell le aconsejó al presidente que fabrique evidencia para que parezca que hay un peligro inminente para la nación, que le presente pruebas fatulas a las naciones unidas y que no pida permiso un carajo para caerle a bombazos a otro país.

