«Él nunca me traicionaría. Yo soy el hombre que se casó con su hija y la convirtió al judaís… ¡Oooooh, Elohim!», exclamó Jared al darse cuenta lo que le venía encima. «No, no, no… cálmate, Jared, él no te va a tirar a mondongo. Aún si el suegro me fuera a clavar el puñal en la espalda, mi amada esposa me defenderá. Después de todo, soy el padre de sus hijos. Su mirada amorosa me prueba todos los días que… ¿o es una sonrisa diciendo que ya cumplí mi función y no me necesita? ¡Elohim! ¡Sálvame!», imploró.
Pensamos acabar la historia con una broma de sobre cómo la FBI acabó yendo a Jared, pero no la hicimos porque ya medio mundo la tiene que haber hecho.

