Miami, Florida – Walter Mercado, el ajado y sempiterno astrólogo boricua, celebró el día de ayer que el recién acabado 2016, testigo de la muerte de tantos artistas famosos, no pudo arrebatarlo a él del planeta Tierra.

Walter Mercado, visto aquí mandando al 2016 a freír espárragos.

“¡Soy inmortal!”, aseguró Walter Mercado. “¡Viviré para siempre, BITCHES!”. El ajado pronosticador, quien goza de 84 años (según cuentan las malas lenguas y el calendario gregoriano), no parece dar señas de ceder, ni siquiera ante un año tan mortífero como el 2016. En efecto, el pasado año, incluso en su última semana (cuando muchos artistas estaban empezando a relajarse un poquito), logró llevarse a Carrie Fisher; a su madre, Debbie Reynolds; y a George Michael (y no se llevó al otro exintegrante de Wham! porque ni siquiera la Muerte sabe quién rayos es).

Mercado prometió que mientras viva (“Que será por siempre… ¡sufre, Rukmini!”) continuará evaluando detalladamente la posición de los astros para luego terminar inventándose algún pronóstico totón para sus seguidores; vendiéndole a gente incauta chucherías inservibles adscribiéndoles poderes metafísicos; y haciendo apariciones súper WTF en comerciales televisivos. “¿Quieren Agua de Florida Murray y Lanman? ¡Se la vendo! ¿Quieren un despojo a larga distancia? ¡Se los hago! ¿Quieren una de mis fastuosas capas? Pues ahí se los llevó el diablo: ¡esas son SOLO MÍAS!”.


De solo ver esta imagen, ya Walter te facturó a tu tarjeta de crédito.

Un experto en el campo de la medicina explicó que la longevidad del afamado astrólogo puede deberse a que “a través de los años él se ha sometido a tantas intervenciones quirúrgicas, que hoy día es más bondo que hombre, y el bondo nunca muere, como ha quedado evidenciado por la supervivencia de Cher, quien tiene, según cálculos aritméticos conservadores, todos los años. Digo, o es eso, o es que Walter de verdad tiene poderes místicos: ¡yo por si las moscas no digo más na’, que va y me echa encima un fufú a mí!”.

“La Parca tendrá que venir a buscarme a mi casa y agarrarme desprevenido si quiere llevarme a mí”, afirmó el imperecedero aurúspice omnisciente. “Y conmigo sí que se jodió, porque duermo con un ojo abierto (bueno, al menos desde el último estirón que me di, que me imposibilita cerrarlo). Y si conmigo no pudo el 2016, ¡ningún otro año podrá!”, se jactó el astrólogo, embriagado de su aún existencia. “¡Prepárense, que hay Walter para rato!”.