Manhattan, Nueva York – En medio de una amarga polémica entre fervientes seguidores católicos y la alta jerarquía eclesiástica, las autoridades policiacas de Nueva York han revelado que “Mi Dulce Señor” (“My Sweet Lord“, en el idioma de Dios), una estatua de Cristo esculpida en chocolate, ha sido vilmente mutilada. Expertos forenses han identificado preliminarmente la parte anatómica afectada como “El Santísimo Butterfinger”. Los eventos se dan a sólo una semana de haber sido aunciada la reapertura de la controversial exhibición de la escultura, originalmente pautada para abrir el pasado Domingo de Ramos y cuya exhibición se teme provoque la ira de Yavé, Creador del Universo.


Un amargado Dulce Señor intenta evadir a las cámaras para no tener que mostrar el espacio vacío donde antes reinaba omnipotente “El Santísimo Butterfinger”

A pesar de la inexistencia de pistas que conduzcan al esclarecimiento del caso, un grupo de eruditos y teólogos sospechan que el siniestro acto pudo haber sido perpetrado por grupos de diabéticos fundamentalistas dentro de la Iglesia Católica. “La Iglesia intenta burdamente continuar el camino oscurantista por el que llevan a millones y millones de católicos al ocultar los misterios de La Pasión de Cristo”, explicó Thomas K. Hernquist, erudito religioso y Presidente de Mercadeo de The Hershey Company. “La exposición de Mi Dulce Señor pone fin a siglos de polémica en torno al significado de las frases finales de Cristo en la cruz, pronunciadas en arameo, y que hasta ahora habían sido interpretadas como ‘En tus manos encomiendo mi espíritu’. Ahora sabemos que Nuestro Señor Jesucristo realmente lo que quiso decir fue ‘¡Tú eres caramelo y chocolate!'”. De acuerdo a Hernquist, las implicaciones de este hallazgo alterarían las bases mismas de la fe cristiana: ¿quién diría que todos estos años mientras meneaba su tremendo coolant, Iris Chacón realmente cantaba himnos religiosos?”, se preguntó retóricamente.

Ante los ataques recibidos, el Cardenal de Nueva York, John O’Connor, negó las imputaciones y a la vez cuestionó el valor religioso de la exhibición: “La Iglesia no condona este tipo de acción, pero a la vez tenemos que denunciar enérgicamente la farsa perpetrada por este grupo de pseudo-religiosos. ¿Cómo se les ocurre utilizar chocolate oscuro para esculpir a Jesucristo? ¡Todo el mundo sabe que para capturar Su Esencia Divina debieron usar chocolate blanco! ¡Con sus blásfemas y apocalípticas acciones desatarán la ira de Dios! ¡Una plaga de hormigas es inminente!”, esgrimió con incuestionable lógica el Cardenal. Al cierre de esta edición había sido imposible obtener una reacción de Yavé, Creador del Universo, probablemente porque Él no tiene nada que ver con nuestras tragedias.

Ante insistentes preguntas sobre la alegada existencia de un grupo de diabéticos fundamentalistas dentro del seno de la Iglesia Católica, el Cardenal dio por terminada abruptamente la conferencia de prensa: “La Iglesia Católica niega categóricamente tener participación en estos actos”, concluyó O’Connor mientras se comía un pedazo de una enorme barra de chocolate que le trajeron dos misteriosos monjes con piernas prostéticas.

Por su parte, un consternado Cosimo Cavallaro, iluminado escultor autor de la obra y notorio practicante de la fe cristiana, trabaja arduamente en las labores de reparación de su Dulce Señor. “Es inexplicable esta muestra de intolerancia religiosa. Suerte que la estatua estaba boca arriba, porque pudieron coger a Cristo y comerle el… ¡Ay Jesúmaríayjosé! ¡No quiero ni pensarlo!”, exclamó sonrojado. “Este vil acto efectuado por los impíos no quebrantará nuestro espíritu. El Señor se mueve por caminos misteriosos, así que con nuestra fe y laboriosidad devolveremos a Nuestro Señor Jesucristo Su perdida Omnipotencia”, dijo Cavallaro mientras retocaba El Nuevo Glande.


Mientras un ansioso Cristo espera, Cosimo Cavallaro da los toques finales a El Nuevo Glande: “No te preocupes, Amantísimo Padre Celestial: ¡ahora sí que todos tendrán que admirarte en Tu Majestuosa Gloria de doce pulgadas!” (Consejo a María Magdalena: huye mientras puedas)