San Juan, PR — El querido animador infantil conocido por todos como el Tío Nobel, la semana pasada resultó, en su batalla contra la cirrosis, el casi-ganador.


El casi-viviente, sonriendo al pensar en un venidero “Happy Hour”

Margarita de Tío Nobel, su casi-no-viuda, aseguró que trataron de todo para que se mejorara el casi-viviente, “inclusive ponerlo a hacer Ejercicios Musicales”, a pesar de que éstos no gozan del respaldo de ninguna asociación médica. “A sus sobrinitos les gustaban los Ejercicios Musicales, así que pensamos que podrían venirle bien”, aunque su fallecimiento claramente desmiente esa teoría. “Quizás hubiera sido más fácil tratar de hacerlo dejar de beber”, masculló en voz baja el Dr. Altieri, el internista que casi le salvó la vida.


Jack Daniels, el sobrinito favorito del Tío Nobel

Al casi-no-entierro asistieron otras celebridades del ámbito infantil, tal como Titi Chagua, Sandra Zaiter, Chícola (aunque la Ganga tenía compromiso previo y no se pudo presentar), y algunos incluso aseguran haber visto la imagen espectral de Pacheco, “de seguro para ver si era verdad que se había muerto el Tío Nobel”, opinó uno de los testigos de la aparición, haciendo alusión a la acérrima rencilla que existiere entre los dos animadores infantiles que culminara en la Masacre del Parque Recreo Pacheco del Burger King de Plaza Carolina.

Muchos de los que acudieron comentaron sobre la casi-presencia de su olvidado sobrino Luigi, a quien se le había oído decir amargamente: “¡A ver si me manda a mondar papas desde las Pailas del Infierno!” Sin embargo, la más notable casi-presencia fue la del Payaso Tatín, co-animador del programa del Tío Nobel que divertía a los niños con su incapacidad de pronunciar la palabra “micrófono”. Se rumora que éste estaba enojado con el Tío Nobel dado que éste nunca lo seleccionó como “Copiloto de Hoy”, por más que se le explicara que como personaje del programa no era elegible para dicho honor. “¡Que se meta su Libro de Oro por el culantro!”, Tatín había expresado adorablemente entre amargos sollozos, resoplándose su enorme nariz roja con un cómico pañuelo multicolor remendado.


El auto-proclamado “Payamago Tatín”, en una pose que le espantaría la mula a la Virgen [Foto de archivo]

El más compungido entre la comitiva de duelo era Pedro “Papo” Leguemberri, cantinero de la barra más frecuentada por el casi-viviente. “¿Ahora qué se supone que haga para poder pagar la renta cada mes?”, se preguntaba secándose las lágrimas. “Gracias a él no sólo pagaba la renta, sino que le pagué los braces a mi nena y me compré un condo en Miami… ¡a menos que al Amolao le dé por venir a mi barra, no sé qué será de mí!”


El cantinero Pedro “Papo” Leguemberri, preguntándose cómo va a pagar la renta este mes sin el Tío Nobel bebiéndole la mitad del inventario

El casi-viviente no fue enterrado en un féretro, sino que, ataviado de marinero con gorra blanca y todo, fue amarrado a un barco dibujado sobre una plancha de madera que fue halada a través del cementerio, mientras que todos los presentes se despedían de éste con la mano.