San Juan, Puerto Rico – La noticia de que el Departamento de Educación (DE) estaría eliminando la clase de Historia de Puerto Rico –o más bien, fusionándola con la clase de Español– fue recibida con beneplácito por miles de puertorriqueños que consideran dicho curso innecesario (a pesar de que ni siquiera son capaces de recordar lo que sucedió un cuatrienio atrás).

La propuesta de eliminar la clase de Estudios Sociales desde kínder hasta tercer grado y unirla a la clase de Español pretende realizar ahorros en el Departamento de Educación, a toda vez que no solo habrá que contratar menos maestros, sino también comprar menos libros y educar menos estudiantes. Samuel Roldán, portavoz del DE, aseguró: “Este estratégico atajo educativo sin duda alguna será beneficioso para nuestros alumnos: estos nenes no quieren aprender ni español ni historia, así que estamos simplemente complaciéndolos de la manera más costo-efectiva posible. No hay que saber nada de historia para pasársela viendo televisión, jugando videojuegos y eventualmente embrollarse hasta la coronilla para darle a sus futuras familias lujos que no pueden costea… y, a juzgar por las barrabasadas que leo en el Internet, ¡tampoco hay que saber español!”. Roldán añadió que “para producir una generación que solo le importa leer totonerías faranduleras, tener el aparato electrónico que esté de moda, e irse a beber al Viejo San Juan a la menor provocación, no hay que pasar trabajo… ¡así que no lo pasemos!”.

No sabemos qué estarán aprendiendo estos nenes en la escuela, pero sabemos que NO es Historia de Puerto Rico

Muchos boricuas celebraron la decisión del DE de eliminar la clase de Historia de Puerto Rico, tildándola de “innecesaria”, “aburrida” y “medio fupista”. “No veo por qué tenemos que estar enseñándole a nuestros niños tanta viejera del año de las guácaras”, tronó doña Maritere Brenes. “Yo (convenientemente) ni recuerdo por quién voté en las elecciones pasadas: nadie me puede venir a decir que es relevante algo que pasó cuando yo no era ni siquiera un pensamiento lujurioso en la mente de mi padre. ¿Qué importa en qué año Juan Ponce de León descubrió a Puerto Rico, o cuántos cuatrienios Baltasar Corrada del Río sirvió de gobernador? ¿En qué le ayuda a mi nena saber la fecha en que cortaron a Lares y pegó un grito, o cuántos corsarios daneses murieron en la Masacre de Ponce? Yo prefiero que a nuestros hijos los eduquen pensando en el futuro: cómo llenar solicitudes de asistencia federal; cómo utilizar los amiguismos para conseguirse un buen guiso; y la manera más eficaz de salir pa’lante sin dar un tajo ni en defensa propia”. Brenes sugirió que en vez de Historia de Puerto Rico deberían ofrecerse cursos que mejor instruyan a nuestros hijos en la realidad boricua, a saber: Introducción a la Chismografía; Evasión Contributiva para Principiantes; y Jaibería Avanzada.

Cuando los nenes que ahora están en kínder lleguen a la high no van a saber la diferencia entre Luis Muñoz Marín y Tin Marín De Do Pingüé