San Juan, Puerto Rico – En clara señal de que estamos en el santísimo y religiosísimo periodo navideño, miles de puertorriqueños atestaron centros comerciales alrededor de la Isla, gastando dinero que no tienen para comprar regalos que sus hijos no se merecen.

Es altamente improbable que ninguno de los hijos de todas estas personas sea uno de esos manduletes que lo que se merecen es tremendo coscorrón

“¡Gloria a las alturas! ¡El Señor ha nacido… o pronto nacerá!”, evangelizó píamente doña Matilde Ferrero desde el Toys ‘R Us de Plaza Las Amércias, mientras le arrebataba de las manos a una clienta rival la última consola PlayStation 4 que quedaba en la tienda. “Esta es la época del año en que tenemos que agradecer lo que tenemos y acordarnos que lo más importante del mundo es la familia, la caridad y el amor al prójimo”, continuó beatamente luego de asestarle una certera patada en la canilla a su contrincante. “¡Y también el Niñito Jesús! ¡No podemos olvidarnos del Niñito Jesús!”.

Figura en cerámica del Niñito Jesús

Como bien dijo Jesús en la Biblia: “Dejad que los niños vengan a mí… ¡para jugar Call of Duty: Ghosts en su nuevo PlayStation 4!” [Imagen suministrada]

“¡Aleluya! ¡Hosanna! ¡Evohé!”, se persignó Lázaro Guzmán luego de dar un nuevo tarjetazo en la caja registradora de Sears Brand Central. “En esta época de remembranza a nuestro Salvador, es sumamente importante que nuestra alma se llene de gozo y júbilo… ¡aunque nuestras cuentas bancarias de vacíen de dólares y centavos!”. Guzmán admitió que no sabe exactamente para qué sirve el costoso aparato electrónico por el cual acababa de cargar al máximo su tercera tarjeta de crédito, pero está seguro que el gasto vale la pena porque “mi nene me gritó que más vale que se lo comprara porque es lo que está de moda y él tiene siempre que estar en todo. O sea, mi banco sabe que estamos pela’os, ¡pero los amiguitos de mi hijo no se enterarán nunca!”.

Miguel Avilés, quien a pesar de estar reportado al Fondo del Seguro del Estado por “tener la espalda mala y estar malo de los nervios” no tuvo problemas con cargar seis pesadas bolsas llenas de regalos a su carro, resumió el fenómeno: “Mi Miguelito será el último en su clase y el primero en la lista de los más buscados de la Policía, pero es el único en mi corazón, y por eso le daré todo lo que pida aunque honestamente no tengamos el dinero. Si no le complazco todos sus caprichos y no lo consiento en todo momento, ¿cómo crecerá para ser un hombre de bien?”.