San Juan, Puerto RicoDurante la actividad Clamor A Dios este pasado lunes, el reverendo Jorge Raschke dictó su guía de votación a los líderes políticos ahí presentes, la mayoría de estos del PNP. No contento con decirle a estos servidores públicos por cuáles leyes deben abogar y por cuáles no, Raschke luego procedió a pedirles sesgadamente que le hicieran la compra, que le limpiaran la casa, y que le recogieran la ropa en la lavandería.

El reverendo Jorge Raschke, a la izquierda, luego de dar un sermón en el cual intimó soslayadamente que tenía antojitos de comerse un malteado de Payco, a la vez que los políticos ahí presentes se le fueron corriendo detrás al camión de mantecados

En la trigésimo novena edición de Clamor A Dios, Raschke emitió una guía de votación a sus seguidores y a los representantes del gobierno ahí presentes, instándolos a votar en contra del aborto, la eutanasia y el matrimonio del mismo sexo. “No es que Jesús obligue a sus seguidores a tomar posturas políticas particulares para poder entrar al Reino de los Cielos”, aclaró píamente el Reverendo, “es que yo obligo a los políticos a votar como yo les diga si es que quieren salir reelectos”. Acto seguido, Raschke comentó, como quien no quiere la cosa, que sus zapatos podrían usar un poco de brillo, que su carro necesitaba una buena lavadita, y que esa ropa que ya estaba lista en el laundry no se iba a recoger sola.

Por su parte, Jesucristo solo le pidó a sus seguidores que se amaran lo unos a los otros y que no juzgaran a nadie — pero es difícil encontrar tiempo para hacer eso luego de odiar a los homosexuales y rechazar a las mujeres que quedan embarazadas fuera del matrimonio

“Raschke habla y yo obedezco”, admitió Luis Fortuño, gobernador del pueblo de Puerto Rico y cargamaletas de sus líderes evangélicos. “Quiero que quede claro que un líder más religioso que yo hay que mandarlo a hacer, y que acataré fielmente cualquier edicto de cualquier pelele que se autodenomine ‘pastor’, ‘reverendo’ o ‘apóstol’… y ahora, si me disculpan, tengo que servir el mondongo que el Reverendo me pidió sesgadamente que le preparara, porque se está enfriando”, concluyó el Gobernador, mientras Raschke se quejaba porque no veía mucha toallita en el caldero.

En su mente, cada vez que el gobernador Fortuño sigue las instrucciones de Raschke al pie de la letra, un par de ángeles con halos dorados y aspecto patibulario lo toman del brazo