San Juan, Puerto Rico – El multimillonario proyecto de la Gran Biblioteca de San Juan, propulsada por el senador Roberto Arango Vinent, no tendrá solamente una “Bebeteca” (una sala para bebés) y una “Ludoteca” (una sala para infantes y prescolares), sino que también contará con una “Cacoteca”, la cual albergará y entretendrá a los cacos que la visiten. Así lo aseguró el mismísmo senador Arango, luego de éste enmendar su proyecto de ley para añadir asignaciones de fondo para esta nueva e importantísima sala.


Una cacoteca en todo su apogeo

La Gran Biblioteca, la cual albergará uos ocho millones de libros, gozará no solamente con suficiente espacio como para almacenar absolutamente todos los libros existentes en la Isla, sino que también hará las veces de shopping center, gozando de un café, teatros, y hasta un restaurante popof. Esto, claro está, allende a las ya mencionadas salas “Bebeteca” y “Ludoteca”, donde se pretende “entretener y retener a nuestros más pequeños visitantes, además de alejarlos de cualquier libro importante sobre el cual podrían vomitar o virarle jugo de uva encima”. No contento con estas innovadoras salas, sin embargo, el senador Arango detectó una grave omisión: un sitio donde mantener a la horda de cacos y manduletes que sin duda irán a la Gran Biblioteca a “quemar fiebre y joder la pita”, en palabas del Senador.


Así lucirá la ludoteca / cárcel infantil de la Gran Biblioteca

“Lo de mantener a los mocosos llorones y torpes en su jaula/salón privado es muy importante”, aseguró Arango, “pero apartar a los títeres de barrio que de seguro se nos van a colar sólo por novelear y coger aire acondicionado, eso sí que es absolutamente imprescindible para el uso y disfrute de la biblioteca: ¡imagínate tú tratando de leer con un caco detrás, pidiéndote un garet y preguntándote si quieres sandunguear!”. Si bien la “Bebeteca” y “Ludoteca” contarán con libros infantiles y diversos juguetes educativos “para que los nenes no se den cuenta que están temporeramente encarcelados”, la “Cacoteca” tendrá una extensa colección de reggaetón “la cual se podrá escuchar única y exclusivamente con audífonos, ¡porque la madre mía va a tener que chuparse un Falo en la biblioteca!”, exclamó el Senador en un delicioso derroche de inocencia.


El reggaetonero Falo, en lo que asumimos que es su foto del anuario

Arango comentó que la idea sobre la “Cacoteca” surgió de otra adición que pensaba hacerle a su proyecto de ley: la “Canoteca”, una sala para entretener a los perros de los visitantes. “Cuando le pedí a mis ayudantes que hicieran la enmienda sobre la ‘Canoteca’, éstos no entendieron lo que quise decir con ese nombre y la describieron como ‘un lugar donde la gente rubia y blanca puede descansar sin tener que coger sol’. Les dije que para evitar confusión, que en vez de ‘Canoteca’ la llamaran ‘Perroteca’, pero los muy becerros me volvieron a malentender y lo que describieron fue ‘un salón donde la juventud puede ir a perrear privadamente’. Ahí se me prendió el bombillo, y me dije que más que velar perros lo que debemos hacer es alejar a los cacos del resto de los visitantes, y de ahí salió lo que ahora se conocerá como la ‘Cacoteca’: ¡los perros que los dejen en su casa! Ah, y cuida’o con traerlos a la biblioteca y dejarlos amarra’os afuera, que también vamos a tener un restaurante chino Star Cream en el primer piso…”.

Al traerle a colación al Senador la opinión de algunos historiadores, quienes cuestionan el raciocinio de invertir fondos públicos en una nueva biblioteca cuando los Archivos Generales y la centenaria Biblioteca Carnegie apenas disponen de fondos para seguir operando, éste respondió rápidamente: “¿Pero quién quiere ir a uno de esos edificios viejos que lo que tienen son libros del año de las guácaras? A ver, ¿cuándo fue la última vez que quisiste leer un libro apestoso, polvoriento, y lleno de hongo? ¡En lo nuevo es que está la cosa! Ah, los historiadores siempre tan enamorados de sus dichosas historias… ¡como si las historias, en vez de la realidad, sirvieran de algo!”, exclamó triunfal Arango, demostrando así su cabal entendimiento académico.


El senador Arango defendiendo gastar millones en una nueva biblioteca en vez de invertirlos en las que ya existen