Ontario, Canadá – Tras cuatro largos años de esperar porque el presidente George W. Bush terminara su segundo término como Primer Mandatario, finalmente han decidido regresan los doce millones de estadounidenses que se mudaron a Canadá en vez de seguir viviendo en los EEUU bajo la presidencia de Bush.


Canadá, refugio de todo americano que no pudo concebir la idea de soportar cuatro años más de Bush

“¡Al fin libres!”, exclamó gozoso Martin Hackman, un asiduo votante demócrata de toda la vida mientras cruzaba la frontera de Canadá hacia los Estados Unidos en Niagara Falls, Nueva York, seguido por una horda de correligionarios. “¡Es bueno poder regresar a mi nación, sabiendo que por primera vez en ocho años su líder es alguien cuyas únicas fuentes de información sobre el mundo no son los muñequitos matutinos y Fox News!”. Hackman es sólo uno de cerca de doce millones de estadounidenses que cuando Bush ganó su segundo término a la presidencia juraron que preferirían vivir en Canadá, y que no estaban hablando mierda como la mayoría de la gente que dijo lo mismo pero se quedaron. “Estos cuatro años han sido algo solitarios y tristes, ¡pero al menos viví en un país donde la política exterior no la dictaba un ranchero con un hablar balbuceante y ojos diminutos!”.


Bush con cara de estreñimiento porque seguramente está intentado formular algún tipo de pensamiento

Hackman explicó que su tiempo de exilio en Canadá no fue tan malo como algunos podrían pensar: “Si bien es cierto que los canadienses tienen un acento medio extraño y que le ponen úes a palabras que no la llevan (como ‘flavour‘, ‘colour‘ y ‘glamour‘), al menos allá cuando hablaban de respetar los derechos civiles de todos sus ciudadanos, no están comiendo mierda (al revés de muchos estados donde prohíben el matrimonio homosexual como si eso fuera a causar la Apocalipsis). Además, allá todo el mundo tiene cobertura médica, no como en Estados Unidos, donde si eres pobre te mueres esperando a que te vean en un dispensario público”. Al preguntarle entonces que por qué regresó de Canadá si todo allá es tan chuchin, éste contestó: “¡Es que allá no ven football y lo que beben es té! ¿Quién puede vivir así?”.


“¡Esto no es un deporte!”, exclamó Hackman sobre el hockey, el deporte canadiense favorito. “¡Esto es ver un chorro de tipos mella’os patinando por dos horas!”

A raíz del regreso de tantos estadounidenses esperanzados con que la presidencia del presidente electo Barack Obama sea “menos mierdosa” que la de Bush, los canadienses se sorprendieron al ver que la provincia de Ontario se ha quedado prácticamente vacía. “¡Quién diría que aquí lo que había era tanto americano huyéndole a Bush!”, exclamó Patrick Laval, alcalde de Toronto, la ciudad capital de la provincia. “Toronto ahora parece una ciudad fantasma, y sólo quedan edificios vacíos con paredes repletas de graffiti con sutiles mensajes anti-Bush (como por ejemplo: ‘EAT SHIT AND DIE, BUSH!‘) y latas de Coors Light tiradas por las calles. Ja, quizás eso debió haber sido la primera pista: ¡ningún canadiense de pura cepa se atrevería a tomar esa agua de piringa como si fuera cerveza!”. El Alcalde prometió que tratará de lograr de repoblar su provincia importando habitantes de las provincias de Quebec y Manitoba (“que son tan aburridas que la gente lo único que hace para divertirse es ver partidos de hockey y parir muchachos”), y que lo hará diligentemente porque “la madre mía se va a dedicar a palear toda esta nieve yo solo”. Laval también aseguró que si la situación no mejora pronto, éste se irá “a buscar climas más cálidos en la provincia de Nunavut”.


Así luce la provincia de Nunavut. En verano

Por su parte, los exiliados estadounidenses que regresaron a terreno americano por primera vez en cuatro años se manifestaron contentos de regresar, y expresaron su deseo encarecido de que “Obama nos salga bueno y no haga otro embarre, ¡porque la madre mía va a regresar a Ontario de nuevo a congelarme las pelotas!”.